“Congreso Internacional sobre Trata y Prostitución”

Los próximos días 31 de marzo y 1 de abril, se celebrará en la URJC el Congreso Internacional sobre Trata y Prostitución, en el que tengo el placer de participar. El día 30 de marzo, se celebrará  una formación previa en materia de violencia de género dirigida principalmente al alumnado.

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Para más información  e inscripciones podéis visitar la página del CONGRESO .

 

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La estantería. Anna Wheeler y William Thompson

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En 1828, bajo el auspicio de la filosofía utilitarista, surge una auténtica joya del feminismo, La Demanda de la mitad de la raza humana, las mujeres contra la pretensión de la otra mitad los hombres, de mantenerlas en la esclavitud política y, en consecuencia, civil y doméstica escrita por Anna Wheeler y William Thompson. Aunque la motivación inicial de la La Demanda es poner al descubierto la errónea (y tendenciosa) inherencia lógica realizada por James Mill (según la cual las mujeres no necesitan el voto en tanto que sus intereses están recogidos en los de los varones) , la obra transciende sus pretensiones iniciales, convirtiéndose en un exhaustivo análisis de la situación de las mujeres en la Gran Bretaña de principios de siglo. Los valores ilustrados que sustentan las emergentes sociedades burguesas habían desplazado a la religión y a la tradición como factores legitimadores de la servidumbre o inferioridad de las mujeres. Wheeler y Thompson ponen de manifiesto como el nuevo orden, legitima la subordinación y la inferioridad de las mujeres en su naturaleza diferente y complementaria.

La Demanda, abordará algunos de los temas centrales del feminismo ilustrado bajo el auspicio de la nueva filosofía moral. Sus reflexiones incluyen, por un lado, una crítica al capitalismo como sistema económico que impide la verdadera igualdad entre los sexos y, por otro, una apuesta por el cooperativismo.

En la carta introductoria a La Demanda, Wheeler manifiesta que es necesario un nuevo orden social en el que coincidan el deber y el interés. Sólo bajo este nuevo orden de Cooperación mutua entre personas, será posible una igualdad efectiva entre mujeres y hombres.   Bajo la competición individual, esto es, bajo el orden capitalista, todo se rige por la fuerza, mientras que en el nuevo orden social, «la utilidad de la fuerza física superior del hombre para la felicidad general se contrapesa con la particular facultad de las mujeres para parir y criar niños»[1].

Para los autores, bajo el sistema de competición individual y de acumulación individual de riqueza, las mujeres siempre estarán sujetas a la contingencia, correrán el riesgo de miseria tras la muerte del productor activo, además de las múltiples injusticias que se derivan de la violencia fruto del desequilibrio de poder que existe en los hogares, violencia y poder contra la que no hay leyes que protejan completamente.[2] Sólo un sistema de trabajo basado en la Cooperación Mutua, aseguraría la igualdad entre hombres y mujeres, eliminando todas aquellas desigualdades que ni leyes civiles, penales o morales, han podido modificar. Es más, el nuevo orden, proporcionará, también, soluciones a la desigualdad natural. Cuando se trabaja por el bien común, eliminada la propiedad individual y la competitividad, todos los talentos y facultades -sean fruto de la educación diferenciada, sean por constitución-son igualmente valoradas. Niños y niñas son educados y sostenidos por toda la comunidad dejando de depender de la generosidad de sus padres.

Una parte fundamental de La Demanda, está destinada a denunciar la esclavitud de las mujeres, especialmente de las mujeres casadas. Su sumisión era el precio a pagar por tener acceso a riquezas o a un plato de comida. La miseria en caso de abandono o viudedad planeaba sobre sus vidas y sobre la de sus hijos e hijas. Bajo la cooperación mutua, las mujeres dejarán de depender de los hombres, todos poseen las mismas riquezas, la propiedad es común, el nuevo régimen exime a las mujeres de la esclavitud. El contrato de esclavitud no tiene cabida en un sistema de estas características, «el hombre no posee más riqueza que la mujer con la que comprar su persona para su uso animal durante algunos años»[3]. El hombre, deberá aplicarse las recomendaciones que Rousseau realizaba a las mujeres, y entrenarse en el arte de agradar, pues tendrán que aprender a merecer el amor. Siendo la riqueza la misma, siendo la propiedad común y reducida la fuerza física de los hombres a su justo nivel de utilidad, el único modo de obtener gratificación sexual será por la libre voluntad de las mujeres.

En el cooperativismo, tampoco tiene cabida el sistema de dominación patriarcal basado en la doble moral. Si los hombres proscriben las indiscreciones de las mujeres, deben proscribir, también, las suyas propias, y si la felicidad común así lo requiere, deberán ser reprimidas en ambos sexos. La prostitución quedará erradicada, fuera de un sistema moral corrupto no se puede sostener. Además, al tener las mujeres completamente abastecidas, como cualquier miembro de la comunidad, las mujeres no se sentirán en la necesidad (o vanidad) de vender el uso de su persona.

«El amor de las mujeres debe ganarse, debe merecerse, y no como ahora, comprarse o exigirse: no se prostituirá con descreídos de corazón que, primero robarían la joya, y después matarían con su desprecio a su inocente y confiada propietaria. ¡Estos hombres, en esta Asociación podrán amarse a sí mismos! ¡Una forma de amor en la que no encontrarán rivales que los molesten!»[4]

[1] Thompson, W., y Wheeler, A., La Demanda de la mitad de la raza humana, las mujeres contra la pretensión de la otra mitad los hombres, de mantenerlas en la esclavitud política y, en consecuencia, civil y doméstica. Granada, Comares, 2000. pág., 51

[2] Íbid., pág., 232

[3] Íbid., pág., 234

[4] Íbid., pág., 235

No han muerto, han sido asesinadas.

Dicen los diarios que una niña de 17 meses “ha muerto” tras ser arrojada por la ventana. En lo que va de año, 29 días, “han muerto” siete mujeres, según la información recogida por estos medios.  Leyendo los diarios, mirando los telediarios,  cualquiera no muy docto en el tema  podría pensar que a las mujeres nos da por morirnos, así, ante la más mínima provocación, como quien ejecuta una venganza abandonándose a su muerte. “Han muerto”… plácidamente, como si nada tuvieran que ver las puñaladas, los cortes, los golpes, los disparos. “Han muerto”…. al margen de la sangre, los gritos, las miradas de terror, el pánico…. “Han muerto”, sentencian.

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Una supone que aquellas y aquellos que se dedican al bello arte de la palabra,  que aquellos y aquellas encargados de informar a la sociedad  de lo que pasa en las diferentes esferas de la vida, saben que el lenguaje es importante. Al menos, es su herramienta;  y de una profesional, de un profesional del periodismo se espera al menos eso, que conozco las herramientas con las que trabaja, sus combinaciones, lo que oculta y desvela el uso de cada palabra.  Por eso suponemos que una buena periodista, un buen periodista, conoce la diferencia entre “morir” y “asesinar”, y suponemos que sabe, que “morir” es “llegar al término de la ida” y  que cuando una mujer es torturada, golpeada, acaudillada o tiroteada,  su vida no llega a término, se la terminan. Es asesinada.  

Omitir que las mujeres son asesinadas  es encubrir la causa eficiente de la muerte, es ocultar la tortura, el miedo, el presente continuo de amenazas, humillaciones, golpes, insultos, vejaciones que soportan  las  mujeres que sufren violencia por parte de sus parejas o exparejas. Omitir que las mujeres son asesinadas por sus parejas o exparejas, es perpetuar un sistema que mira hacia otro lado, que minimiza riesgos, que perpetua instituciones que mantienen la desigualdad, que legitima el desequilibrio de poder,   que muestra indiferencia ante la primera causa de muerte de las mujeres en el mundo.   Vuestra insistencia en utilizar estratagemas lingüísticas para ocultar los delitos, los asesinatos, os hace cómplices de un sistema que invisibiliza la violencia hacia las mujeres, la tortura, la muerte y el dolor.

Gracias, por último, a las profesionales y los profesionales que han entendido la importancia del lenguaje, que luchan en sus medios por incluirnos, por nombrarnos, por llamar a las cosas por su nombre.

 

Alicia, más allá del patriarcado

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“Imaginando nuevos caminos” de Sonia Uría

En plena época victoriana, Alicia nos proporciona una auténtica alternativa al victimismo palaciego al que la literatura moralizante nos tiene acostumbradas. Estamos ya cansadas de Cenicientas víctimas de violencia familiar, siempre a la espera de un príncipe que resuelva. De de Blancanieves, perseguidas y denostadas por su belleza, salvadas siempre de un destino cruel por la figura masculina (soldado-enanitos-príncipe).   Estamos cansadas de limpiar casas de enanitos y palacios de madrastras. “Y de bordar” dijo la Bella Durmiente. Y de esa costumbre recurrente que tienen los autores de dejarnos comatosas, dirán todas. No queremos que nos despierten a golpe de baba (o beso) ¡Queremos que no nos duerman! “Queremos hablar con extraños y que los bosques, las calles y las noches sean también nuestras” diría Caperucita si no hubiera sido asesinada por una vulgar moraleja. Y es que, ¡¿A quién se le ocurre?! Dirán algunos. Hay que ser cándida para alejarse del seguro espacio doméstico, aunque sea para continuar con las tareas de cuidado que tanto demanda la abuela. Ninguna niña puede aspirar a salir impune a tales transgresiones, ni siquiera, en el maravilloso mundo de la imaginación.

Alicia está en otro lugar. Alicia se convierte en protagonista activa de su historia. La audacia y la curiosidad se convierten en el motor de su viaje. Más allá del Espejo, en el País de las Maravillas, la lógica patriarcal se debilita, como se debilitan las categorías de espacio y tiempo. Pese a su corta edad, apenas siete años, no da muestras de debilidad, de docilidad, de la pasividad que ha pretendido caracterizarnos. Tampoco hay moraleja, no hay más por qué que la misma aventura.

Alicia rompe todos los estereotipos que son de esperar en una niña de su clase,  se apropia de todo cuanto ve a su paso, crece y decrece llenándolo todo para vaciarlo inmediatamente. Porque Alicia, además, come.