La estantería. Anna Wheeler y William Thompson

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En 1828, bajo el auspicio de la filosofía utilitarista, surge una auténtica joya del feminismo, La Demanda de la mitad de la raza humana, las mujeres contra la pretensión de la otra mitad los hombres, de mantenerlas en la esclavitud política y, en consecuencia, civil y doméstica escrita por Anna Wheeler y William Thompson. Aunque la motivación inicial de la La Demanda es poner al descubierto la errónea (y tendenciosa) inherencia lógica realizada por James Mill (según la cual las mujeres no necesitan el voto en tanto que sus intereses están recogidos en los de los varones) , la obra transciende sus pretensiones iniciales, convirtiéndose en un exhaustivo análisis de la situación de las mujeres en la Gran Bretaña de principios de siglo. Los valores ilustrados que sustentan las emergentes sociedades burguesas habían desplazado a la religión y a la tradición como factores legitimadores de la servidumbre o inferioridad de las mujeres. Wheeler y Thompson ponen de manifiesto como el nuevo orden, legitima la subordinación y la inferioridad de las mujeres en su naturaleza diferente y complementaria.

La Demanda, abordará algunos de los temas centrales del feminismo ilustrado bajo el auspicio de la nueva filosofía moral. Sus reflexiones incluyen, por un lado, una crítica al capitalismo como sistema económico que impide la verdadera igualdad entre los sexos y, por otro, una apuesta por el cooperativismo.

En la carta introductoria a La Demanda, Wheeler manifiesta que es necesario un nuevo orden social en el que coincidan el deber y el interés. Sólo bajo este nuevo orden de Cooperación mutua entre personas, será posible una igualdad efectiva entre mujeres y hombres.   Bajo la competición individual, esto es, bajo el orden capitalista, todo se rige por la fuerza, mientras que en el nuevo orden social, «la utilidad de la fuerza física superior del hombre para la felicidad general se contrapesa con la particular facultad de las mujeres para parir y criar niños»[1].

Para los autores, bajo el sistema de competición individual y de acumulación individual de riqueza, las mujeres siempre estarán sujetas a la contingencia, correrán el riesgo de miseria tras la muerte del productor activo, además de las múltiples injusticias que se derivan de la violencia fruto del desequilibrio de poder que existe en los hogares, violencia y poder contra la que no hay leyes que protejan completamente.[2] Sólo un sistema de trabajo basado en la Cooperación Mutua, aseguraría la igualdad entre hombres y mujeres, eliminando todas aquellas desigualdades que ni leyes civiles, penales o morales, han podido modificar. Es más, el nuevo orden, proporcionará, también, soluciones a la desigualdad natural. Cuando se trabaja por el bien común, eliminada la propiedad individual y la competitividad, todos los talentos y facultades -sean fruto de la educación diferenciada, sean por constitución-son igualmente valoradas. Niños y niñas son educados y sostenidos por toda la comunidad dejando de depender de la generosidad de sus padres.

Una parte fundamental de La Demanda, está destinada a denunciar la esclavitud de las mujeres, especialmente de las mujeres casadas. Su sumisión era el precio a pagar por tener acceso a riquezas o a un plato de comida. La miseria en caso de abandono o viudedad planeaba sobre sus vidas y sobre la de sus hijos e hijas. Bajo la cooperación mutua, las mujeres dejarán de depender de los hombres, todos poseen las mismas riquezas, la propiedad es común, el nuevo régimen exime a las mujeres de la esclavitud. El contrato de esclavitud no tiene cabida en un sistema de estas características, «el hombre no posee más riqueza que la mujer con la que comprar su persona para su uso animal durante algunos años»[3]. El hombre, deberá aplicarse las recomendaciones que Rousseau realizaba a las mujeres, y entrenarse en el arte de agradar, pues tendrán que aprender a merecer el amor. Siendo la riqueza la misma, siendo la propiedad común y reducida la fuerza física de los hombres a su justo nivel de utilidad, el único modo de obtener gratificación sexual será por la libre voluntad de las mujeres.

En el cooperativismo, tampoco tiene cabida el sistema de dominación patriarcal basado en la doble moral. Si los hombres proscriben las indiscreciones de las mujeres, deben proscribir, también, las suyas propias, y si la felicidad común así lo requiere, deberán ser reprimidas en ambos sexos. La prostitución quedará erradicada, fuera de un sistema moral corrupto no se puede sostener. Además, al tener las mujeres completamente abastecidas, como cualquier miembro de la comunidad, las mujeres no se sentirán en la necesidad (o vanidad) de vender el uso de su persona.

«El amor de las mujeres debe ganarse, debe merecerse, y no como ahora, comprarse o exigirse: no se prostituirá con descreídos de corazón que, primero robarían la joya, y después matarían con su desprecio a su inocente y confiada propietaria. ¡Estos hombres, en esta Asociación podrán amarse a sí mismos! ¡Una forma de amor en la que no encontrarán rivales que los molesten!»[4]

[1] Thompson, W., y Wheeler, A., La Demanda de la mitad de la raza humana, las mujeres contra la pretensión de la otra mitad los hombres, de mantenerlas en la esclavitud política y, en consecuencia, civil y doméstica. Granada, Comares, 2000. pág., 51

[2] Íbid., pág., 232

[3] Íbid., pág., 234

[4] Íbid., pág., 235

Mujeres y Filosofía.

El sábado asistí a la presentación del  Calendario Filosofers 2016 en La Librería de Mujeres . Una buena ocasión para reflexionar sobre el papel de la mujer en la filosofía y un privilegio hacerlo con filósofas como Ana de Miguel Álvarez, Alicia Puleo, Concha Roldán, Esperanza Rodríguez y el filósofo Txetxu Ausín.

FullSizeRender¿Somos visibles las mujeres en la filosofía? Después de cinco años de carrera, cursos de doctorado y un master en filosofía, la única autora que saltó las barreras del androcentrismo y la misoginia de nuestra testosteronada tradición filosófica fue Hannah Arendt. Diez años de academia, una autora. Las filósofas han sido exiliadas, a veces con sigilo, otras con descaro absoluto, de la historia de la filosofía. «Este no es vuestro territorio», nos exhorta el patriarcado. Recordaba Alicia Puleo que la Filosofía ha sido una madrastra para las mujeres, ha contribuido a legitimar y justificar un orden excluyente de subordinación, y esto, desde sus orígenes griegos. Una no puede más que reconocer la deuda innegable que tenemos con  pensadores como Aristóteles,  Platón, Kant, Nietzsche, Schopenhauer…. Pero ¿y su deuda con la mitad de la humanidad? ¿Vamos a permitir que siga silenciada?

«Si la filosofía es interpretación del mundo, eliminar a la mitad de la humanidad de su comprensión e interpretación, supone, como mínimo un sesgo». El calendario, decía Alicia Puleo, es una política de reconocimiento a nuestra genealogía, un reconocimiento de nuestra tradición, «porque tenemos un pasado y podemosdialogar con él». Lo que se nos está negando es nuestra genealogía, se nos condena a una orfandad intelectual, se nos niegan sistemáticamente nuestras referentes, nuestra conceptualización del mundo. Y eso es negárnoslo todo.

Ana de Miguel remarca  la importancia de la genealogía feminista. En la presentación de su libro Neoliberalismo sexual hacía suyas las palabras de Newton  «si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes», gigantes y gigantas, en su caso. Los gigantes los conocemos. Ahora es el momento de recuperar a nuestras  gigantas para poder mirar más lejos, para  poder elevarnos por encima de la injusticia, la desigualdad,  la opresión y la violencia.

La Filosofía, en manos (cabezas) del pensamiento patriarcal, ha sido una madrastra para las mujeres. De sus propias incongruencias y traiciones, de sus grietas Ilustradas, pudo surgir esa madre intelectual que dio cabida a la otra mitad de la humanidad, la silenciada, la ocultada, la interminablemente postpuesta. Surge la teoría crítica Feminista, tan molesta como imprescindible, la única capaz de devorar a la madrastra que fue incapaz de abortarla. Y lo intentó, sin ley de plazos. Esta nueva madre, propone nuevos ideales regulativos que permiten crear una sociedad más justa, una sociedad que no quiera construirse (como lo hicieron nuestras actuales democracias) sobre la sumisión y subordinación de la mitad de la humanidad.

Tener activada la capacidad crítica feminista es fundamental para desactivar el patriarcado, pues como decía en la presentación Ana de Miguel, el patriarcado tiene un enorme poder para «ponernos en nuestro sitio» y ese sitio es, las afueras del pensamiento.

Recordaba Txetxu Ausin la importancia que tiene la teoría crítica feminista en cuestiones éticas y morales. En efecto, el feminismo, en tanto teoría crítica, propone horizontes regulativos mas justos para todos y para todas, pone sobre la mesa asuntos fundamentales como la sostenibilidad de la vida, la ecología, poder, la violencia, la mercantilización de los cuerpos y la vida íntima…. En estos tiempos de sentencia a muerte de la Filosofía por parte de las políticas de mercantilización de las enseñanzas, la Filosofía será Feminista, o no será.