Poesía o Barbarie

Hoy a las 20.00 de la tarde, estaré en el Teatro del Pueblo de Lavapiés, presentando mi poemario Pájaros en la Cabeza. Compartiré cartel con Victor Coyote, Rafael Carvajal, María López Morales y Jonathan Teuma (Yanito).

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En la página web de Masquepalabras encontraréis toda la información sobre el evento.

Os adelanto uno de los pájaros que me acompañarán esta tarde, “Me quiero”. Un me quiero que es a su vez un nos queremos, con libertad, autonomía y autodeterminación.

 

Me quiero.

Me basto así

desnuda, sola, completamente entera.

No hay mitad que me concluya

ni me quiero rellenar.

Me basto así,

llena de rabia y de lucha en mi nombre

y en los nombres que aún no saben decir.

Me parcheas con medidas positivas y de las otras

y yo solo quiero ser sujeta lila actuante

en un mundo sin objetos.

No quiero ser consumible

violable

primable

o tan solo  pensable.

Me basto así,

guionista

activista

protagonista

artifice de mí.

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Alicia, más allá del patriarcado

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“Imaginando nuevos caminos” de Sonia Uría

En plena época victoriana, Alicia nos proporciona una auténtica alternativa al victimismo palaciego al que la literatura moralizante nos tiene acostumbradas. Estamos ya cansadas de Cenicientas víctimas de violencia familiar, siempre a la espera de un príncipe que resuelva. De de Blancanieves, perseguidas y denostadas por su belleza, salvadas siempre de un destino cruel por la figura masculina (soldado-enanitos-príncipe).   Estamos cansadas de limpiar casas de enanitos y palacios de madrastras. “Y de bordar” dijo la Bella Durmiente. Y de esa costumbre recurrente que tienen los autores de dejarnos comatosas, dirán todas. No queremos que nos despierten a golpe de baba (o beso) ¡Queremos que no nos duerman! “Queremos hablar con extraños y que los bosques, las calles y las noches sean también nuestras” diría Caperucita si no hubiera sido asesinada por una vulgar moraleja. Y es que, ¡¿A quién se le ocurre?! Dirán algunos. Hay que ser cándida para alejarse del seguro espacio doméstico, aunque sea para continuar con las tareas de cuidado que tanto demanda la abuela. Ninguna niña puede aspirar a salir impune a tales transgresiones, ni siquiera, en el maravilloso mundo de la imaginación.

Alicia está en otro lugar. Alicia se convierte en protagonista activa de su historia. La audacia y la curiosidad se convierten en el motor de su viaje. Más allá del Espejo, en el País de las Maravillas, la lógica patriarcal se debilita, como se debilitan las categorías de espacio y tiempo. Pese a su corta edad, apenas siete años, no da muestras de debilidad, de docilidad, de la pasividad que ha pretendido caracterizarnos. Tampoco hay moraleja, no hay más por qué que la misma aventura.

Alicia rompe todos los estereotipos que son de esperar en una niña de su clase,  se apropia de todo cuanto ve a su paso, crece y decrece llenándolo todo para vaciarlo inmediatamente. Porque Alicia, además, come.